lunes, octubre 22, 2007

Si se acaba el amor

Si se acaba el amor, se acaba todo. Sin amor, qué sentido tendría sonreír? De qué sirve sin amor una noche estrellada? Para qué la vida si el corazón deja de latir? Si se acaba el amor, se acaba todo. Sin amor, qué sentido tendría el color? De qué sirve, sin amor, ver la primavera? Para qué la vida si ya no es rojo el color de la pasión? Ama con todas tus fuerzas! Dale todo el color al amor. Vibra con la energía bendita, que sólo es posible, cuando hay amor entre dos. Aprende a ver en lo oscuro. Déjate arrastrar, no te resistas, no habrá dolor. Recuerda que las heridas sanan, y el corazón se llena, cuando amas y eres amado, sin más explicación. Si se acaba el amor, se acaba todo. Para qué latir un corazón, Si no tiene quien lo ame como él ama, que gris la vida sin color!

sábado, marzo 31, 2007

jueves, marzo 22, 2007

eterna primavera

carta a un amor de primavera

El frío mañanero me despierta la nostalgia por aquellas cosas que, extrañamente, han quedado inconclusas en mi vida. Todo aquello que tanto añoré y que hoy me aflige desatando un llanto incontenible, por no haber tenido las fuerzas suficientes para luchar o por que al intentar hacerlo sentí una fuerte cobardía. Cuando leas estas líneas, sabe Dios el lugar en que me encuentre, pero cualquiera que sea mi horizonte, en el pensamiento, te llevaré conmigo. Ahí te dejo expresado lo que nunca te imaginaste de mis sentimientos y es que nadie entenderá mi capacidad de amarte, en forma tal: sin tenerte, sin tocarte, sin espera, sin reservas. Nadie creería que he llegado sentir esto sin que lo sepas y desde aquel momento en el que te conocí, tomó un nuevo significado mi vida. Pero creo que todo aquello es producto de tu mirada. Tu mirada es indiscreta y tiene un brillo especial que convence y apasiona. Tu sonrisa es la de un niño: es dulce, tierna y expresiva. Cuando miras y sonríes te pareces a la noche, tus ojos son las estrellas que dan luz a firmamento y tu sonrisa es la paz y la serenidad que van al compás del viento. (abril de 1996).-

viernes, marzo 02, 2007

entre mi abuela y yo

María Francisca Rivera, ( Doña pancha)
Los viejos guardan recuerdos que no pueden olvidar. Unos aconsejan sin cesar por tantas cosas que han visto pasar, Otros temen a los años que les harán envejecer más. En todo eso pensaba de niña, cuando miraba a mi abuelita, y en mi inocencia decía, ¿por qué será tan viejecita?
No entendía, como podía llevar todos esos años sobre su espalda cansada y unos hombros estropeados. Es volver a ser infante ser una persona vieja Conservando en la memoria, hermosos recuerdos de aquella era. Pero de esos años mozos solo quedan los recuerdos, Y al mirarte en un espejo, abuela, viste lo que te hizo tiempo. Si parece que fue ayer que eras una joven dama, hoy reíste en el espejo al descubrirte una anciana. El tiempo con sus locuras y su abatir despiadado, te ha marcado con arrugas en tu rincón solitario, y ha dejado un mal sabor de ausencias e indiferencias, de gente que va muriendo y otra que se va alejando. Pero amo la manera en que te me ha dado la vida, con tu cabecita blanca, con tu tan tierna sonrisa, con ese abrazo caliente de llegada o despedida, con esos recuerdos tan gratos de cuando yo era una niña. Amo esa hermosa manera en que te amo, abuelita.

lunes, setiembre 25, 2006

Intimidades

Abril abrió las flores y junto con ellas, todas las ilusiones de una vida que se hallaba vacía, triste y enmohecida por los fracasos en el amor. No fue amor a primera vista, pues ya nos habíamos visto una vez, hacía unos cinco años, sin percatarnos el uno del otro. Ahora que intento hacer memoria, no recuerdo su apariencia de aquel momento, pero en fin, pasaron los años y como si estuviéramos destinados, el uno para el otro, la vida nos condujo por el mismo camino. Me tocó tomar unas prácticas en el canal de televisión para el cual él trabajaba, irónicamente, de esas prácticas lo único que recuerdo es que un día lo encontré presentando sus noticias en el set y nos saludamos de lejos. Curiosamente, pasaron muchas veces para que se diera aquel día en el que por fin, nos percatamos el uno del otro, en el que cupido nos alcanzó con esa flecha que hasta la fecha se ha quedado enganchada en nuestro corazón. Yo estaba cubriendo una noticia. Era una conferencia de la embajada de Israel, lo encontré sentado vistiendo camisa manga corta, por que era en la ciudad ganadera. Por primera vez le vi vestido como un hombre común y corriente, lejos del formalismo que implica su trabajo. Era viernes y yo vestía Jean y un suéter verde que por el lindo recuerdo que me trae, todavía conservo. Fue la primera vez que sostuvimos una conversación extensa y fue la primera vez que me percaté de lo atractivo que era. Me marché del lugar sin despedirme por la prisa que implicaba mi trabajo, era reportera, pero cuando llegué a mi canal ya había dos mensajes que él me había dejado sancionándome por no haberme despedido. Empezaron unos dulces bombardeos por vía telefónica, Internet, y otros recursos de los que se valió para buscarme donde quiera que me encontraba. Hasta que una tarde nublada, nos fuimos a mi pueblo, Baní, en un viaje fugaz por que él tenía trabajo. Me dijo "tenemos que estar a las cinco en la capital". Y así fue, cosa de Dios, ese día nos dimos el primer beso que nos enamoró locamente para siempre. Ese día cuando se fue, me llamó a la media hora diciéndome que esa emisión de noticias no la realizarían y en tono pícaro me preguntó: ¿puedo volver a buscar otro beso?. Solo puedo decir que, desde aquel día, que fue 4 de mayo del 2003, no nos hemos separado y cada instante que pasamos lejos el uno del otro es como si fuera una eternidad. Hemos superado pruebas sumamente difíciles, pero cada dificultad prueba la solidez de nuestro amor. Esto es para siempre. Nos amamos como espero puedan amarse todos los seres humanos en la tierra. Damos gracias a Dios cada día por haber hecho posible aquel mes de abril en que empezamos a acercarnos y muchas más gracias al todopoderoso, por ayudarnos a permanecer juntos. Ahoraque vivimos juntos estamos convencidos de que este amor le ha devuelto el color, el sabor y la alegría a nuestras vidas. El encontró en mi lo que le hacía falta a su vida para ser felíz y yo encontré en él la felicidad que había estado buscando desde conocí el amor. (Esta historia resultó ganadora del concurdo: "Mi historia de amor "de la 91.3 fm, el 14 de febrero de 2006). El premio fue un viaje a miami para dos para continuar celebrando nuestra eterna luna de miel.

Galería personal

Esa negra hermosa que todos ven ahí, es la mujer que me trajo al mundo y a la que le debo más que la vida , toda mi existencia. Su Nombre es Martina Díaz. Ella es, berenice Lorenzo Tejeda, mi eterna amiga de la infancia. El día que se fue con su familia a vivir a Estados Unidos lloré como nunca. Ambas taníamos unos 10 años. Luego de 10 años sin saber de ella nos reencontramos en el año 2000. Desde esa fecha, hasta hoy, hemos vuelto a ser más amigas que en la infancia. Es mi manita.Ella es una fuente permanente de alegría. Esa chica que todos ven ahí, es la banileja más codiciada. Abogada, soltera y en los paises en unas largas vacaciones. Dios la bendiga. Su nombre es Dilcia Herrera, cariñosamente Isha, mi gran amiga. Nos conocimos en el colegio, mi amiga del alma, es mi hermana. Ella es una mujer de una fortaleza impresionante. 1.-A la derecha, en un restaurante en Brasil, inicio de la celebración del cumple años del negro, Septiembre 2006.- 2.- Durante la celebración del cumple años del negro en el 2004.- El negro, como cariñosamentle digo,(Néstor Estévez) y yo en la boda de nuestro querido amigo, Pedro Bastardo. Felicidades pedris! Te queremos! !no te imaginas la que te espera!!.

martes, julio 11, 2006

Amantes Insaciables

Cayó la noche... y los truenos dislocados, al compás de los relámpagos se apropiaban de la oscuridad. Se escuchaban voces, era el ruido de la vida, se escuchaban quejidos, pero al mismo tiempo, suspiros. Parecía que toda especie de sonido se había propuesto participar, suena casi imposible creerlo, pero en medio de tanto ruido, imperaba una profunda paz, la paz de la consumación del amor de María y José. En una casita de cana, como desinteresada de la vida, caían algunas goteras, tan gruesas como un cristal, continuaban los quejidos, de placer y de alegría, por que en medio de aquel frío y de la inmensa oscuridad, María y José compartían el calor de su vigor, y de su ardiente pasión, mientras hacían el amor. Sus ojos eran indiferentes a la oscuridad que les rodeaba, sus miradas alumbraban todo, hasta lo más profundo de sus almas. El deseo de unos labios atiborrados, al ser saciados no saciaban, temblaban insatisfechos, el se fundía en ella con ardor, ella gemía de placer y de alegría rebosada, mientras más se amaban, más se deseaban, mientras más se deseaban, más se amaban. Los sudores, las goteras, y las lágrimas, se confundían, desde la punta de los pies, hasta la hebra de pelo más larga, sin lentitudes ni prisa, se impartían besos y caricias. Los quejidos de la noche, entre el suspiro y la agonía, eran matices reflejos de aquella noche bendita, en la que dos cuerpos se fundieron en uno, y dos lágrimas en una misma. El sueño venció a los dos, se calmaron las caricias, todo se fue apagando como si muriera la vida, Unidos los dos en uno, estando herida sobre herida, empezaron a deslizarse mientras el éxtasis disminuía, se mitigaban los truenos y el sonido de la brisa. Mientras el resto de la noche se hizo corto, el sol salía, los pajaritos cantaban y las ramas se movían. Los rayos de luz penetraban por entre las húmedas canas, despertando a los amantes, Insaciables de cuerpo y alma. La laguna estaba fría, transparente y rebosada, María y José sumergidos no decían media palabra. La claridad del día encendió sus cuerpos, y así en plena mañana, la corriente los fue uniendo y las caricias del agua. De nuevo no podían contener la curiosidad de sus miradas, y se observaban desnudos, acariciaban y tocaban, y sintieron el deseo de una aventura inesperada, María con los labios todo le besó, José con los labios todo le besaba. Y de nuevo los quejidos, la lluvia tan inesperada, los bañaba cuerpo a cuerpo, mientras su fuego apagaban. Mas, ni un dedo se excluía de aquella pasión desenfrenada, las ramas secas caían, la lluvia fría mojaba. Las dos almas eran una, el silencio era palabra, por que ellos eran amantes, insaciables de cuerpo y alma. Olvidados del mundo y de temor, se entregaron el lo total, bajo unos techos de cana, bajo el frío y la tempestad. Y se amaron para siempre... María y José.-